Enfermedades

Homeopatía: ¿A favor o en contra?

La homeopatía per se resulta bastante inofensiva, al menos de forma directa, ya que no debemos olvidar que el “medicamento homeopático” no es más que agua cobrada a precio de oro.

Entonces, si te pregunto si es fraude ¿Qué dirías?

 

A mí me parece éticamente reprochable que la industria que hay detrás de estos tratamientos así como las farmacias que los dispensan cobren a las personas a cambio de “nada”.

No negaremos lo rentable del negocio. Y aquí tienen mucho que decir las autoridades sanitarias. Cuesta creer que cualquier producto para ser considerado medicamento deba acreditar su eficacia en los ensayos clínicos con la excepción de los medicamentos  homeopáticos.

¿Cuales son los peligros de la homeopatía?

La homeopatía per sé resulta bastante inofensiva, al menos de forma directa, ya que no debemos olvidar que el “medicamento homeopático” no es más que agua cobrada a precio de oro.

Pero el verdadero riesgo de la homeopatía, y en general de las medicinas no convencionales es que pueden retrasar un diagnóstico haciendo perder un valiosísimo tiempo en la instauración de un tratamiento científico efectivo, incluso en muchas ocasiones induciendo a rechazarlo.

Entonces ¿Estás a favor o en contra?

Llegados a este punto y después de todo lo comentado en las semanas anteriores no se si os habré logrado convencer de que los medicamentos homeopáticos son un fraude.

La homeopatía se fundamenta en principios que están demostrados como falsos y la evidencia nos confirma que su efectividad no existe más allá del efecto placebo.

Aquel que se niegue a aceptar esto reniega del método científico y no creo que seamos capaces de encontrar un punto en común para iniciar una discusión seria sobre el tema.

Repito que engañar a las personas y hacer negocio vendiéndoles humo (bueno humo no, agua con azúcar) mientras ellas creen estar comprando un tratamiento real es algo reprochable y no puedo estar de acuerdo con eso.

Sin embargo una persona debidamente informada es completamente libre de invertir su dinero en lo que quiera como es lógico. Dejen a las personas comprar lo que quieran, pero díganles la verdad sobre lo que están comprando.

El otro tema importante es la necesidad de que este tipo de terapias no interfieran con la medicina convencional, sino que en todo caso la complementen.

Es decir, que no supongan un riesgo para las personas retrasando un diagnóstico o su tratamiento. Una vez solventado este conflicto, no puedo tener nada en contra de algo que haga que un enfermo se sienta mejor: si encuentra alivio, bien sea por la parafernalia del acto homeopático, por la amabilidad, la consideración y cercanía del homeópata o por la maestría de éste en potenciar el efecto placebo de sus intervenciones y productos no puedo posicionarme en contra.

Y con esto no solo me refiero a la homeopatía, todo lo que ayude a las personas a mejorar y a convivir con su sufrimiento una vez que la medicina científica ha alcanzado sus límites y no puede aportarles más merece todo mi respeto, ya sea rezar a su Dios, visitar al curandero del pueblo o a un chamán que menee una pata de conejo sagrado.

Siempre y cuando estas técnicas no entrañen un peligro para las personas (como determinados productos tóxicos de herboristería, remedios milagrosos obtenidos por internet o técnicas de riesgo practicadas por personas no cualificadas) ni busquen lucrarse a través del engaño aprovechándose de la desesperación y la vulnerabilidad de la gente (que tristemente es lo que ocurre en la mayoría de los casos).

Es por esto que creo que el término de “medicinas alternativas” lleva a un error de interpretación, ya que parece querer decir que estas medicinas son una “alternativa” válida (es decir, o una o la otra) a la medicina científica cuando lo que deberían ser es “complementarias”.

Aunque lo que realmente debería suceder es que la medicina científica pudiera aprender de sus errores y enmendar sus carencias sobre todo a nivel de la relación médico-paciente para que muchos de estos usuarios de terapias pseudocientíficas no se vieran en la necesidad de tener que recurrir a ellas.

Pero claro, para eso hace falta autocrítica (que no es siempre fácil de hacer), quizá un cambio de mentalidad y enfoque, y desde luego infraestructura y recursos.

Acabo recomendando un vídeo del programa “Escépticos” sobre divulgación científica que trata bastante bien todo este tema, con alguna dosis de humor (bastante diluida).

Espero que lo disfrutéis:

Escépticos (Capítulo 8): ¿Homeopatía?

 

Autor:

Ginés Elvira Ruiz. MIR Cardiologia Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca.


Dr. Juan Madrid

Endocrinología y divulgación médica


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